La “falsa cerveza” de Metallica

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Metallica se sumó hace un par de años a la fiebre por tener cervezas personalizadas en su merchandise y lo hizo con una cervecería grande.
A Metallica siempre le ha gustado lo mainstream. Desde su decisión de demandar a Napster por derechos de autor, sacar ReLoad (ese disco de rock pop disfrazadito de heavy metal), hasta subirse al tren del mame para tener una cerveza conmemorativa con… Budweiser, no precisamente la cervecería checa.

Las cervezas ligadas a bandas de rock han tenido mucho éxito. La más conocida es The Trooper de Iron Maiden; pero otras, como la de los Deftones, no son tan conocidas, pues están hechas con microcervecerías, aunque, cabe decir, Phantom Bride tiene una calificación de 97/100 en Ratebeer. En el caso de la primera, el cantante del grupo se involucró activamente en la producción de la cerveza, pues él, aficionado a la historia, quería preservar un estilo, cada vez más olvidado por las grandes cervecerías. En la segunda, fue una idea de Chino Moreno, un gran fanático de la cerveza artesanal.

La idea de vender cerveza con grupos de rock, no es una idea nueva. De hecho, Queen sacó, en conmemoración de los 40 años de “Bohemian Rapsody”, obviamente una cerveza lager de corte checo. No es hasta que la fiebre por la cerveza artesanal se hace mundial, o regionalmente famosa, cuando los cerveceros comienzan a hacer chelass para grupos de rock. La craftbeer, cuyo enfoque es más personalizado y para un nicho de gente más específico, en vez de las enormes multitudes arrobadas por las grandes cervecerías, fue un vehículo ideal para unir a los fans con el grupo. Una forma de entregarles excepcional, tanto en fondo y forma.

Sin embargo, Metallica se fue a la fácil. Vender: esa fue la premisa. La cerveza especial (brandeada para un concierto en la ciudad de Quebec y de la cual sólo se hicieron 91.000 latas) no es en realidad nada especial. Es un objeto coleccionable para fanáticos, pero no para amantes de la cerveza. Es una Budweiser cualquiera, enlatada en un recipiente negro con el logo de Metallica y párale de contar. En otras palabras se ve chingona en la repisa de tu cuarto.


Cuando se lee entre líneas o se investiga por internet, pueden leer un comentario en una página especializada de cervezas que dice así: “Sell outs selling sell outs”. Y no queda más que darle la razón. Visto en términos básicos, se trata de una empresa enorme ayudando a otra empresa gigante a vender más.

No dudo que los fanáticos de la banda no hayan estado contentos, la cerveza fue hecha limitadamente, para verdaderos amantes del grupo —sólo se vendía en Ohio para un concierto y es muy difícil de conseguir—. Pero como sólo se trató de un rebranding de la cerveza, te pone a pensar si Metallica realmente no lo hizo más que por el dinero; y su cerveza, lo dice todo, desgraciadamente.

En una época en la que todo se centra en vender (¿cuándo no ha sido así?), la pregunta debería ir dirigida hacía los límites difusos de la marcas y sus estrategias de mercado e identidad gráficas. ¿Hasta dónde es amor por la bebida, diseño, producción? ¿y dónde está el límite de la producción en serie masificada?

En caso de que seas un fanático de Metallica, te recomiendo buscar en internet (incluso en México) por la cerveza. Se vende (cara) pero se puede encontrar, todavía.

La “falsa cerveza” de Metallica